EL BUSCON ADAPTADO PDF

Hasta pronto! La frase "El deseo del Otro es el deseo del sujeto" introduce cierta intersubjetividad, cierto reconocimiento entre el sujeto y el Otro. Sin embargo, en el campo del goce, el goce del Uno no es el goce del Otro. El goce queda como algo irreductible a la tarea civilizadora. Ninguna empresa humana logra asimilar la barbarie del goce, siempre queda un resto irreductible al grupo.

Author:Nakree Dosida
Country:Brazil
Language:English (Spanish)
Genre:Technology
Published (Last):27 November 2009
Pages:89
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De cmo fue a un pupilaje por criado de don Diego Coronel Determin, pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje, lo uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que haba en Segovia un licenciado Cabra, que tena por oficio el criar hijos de caballeros, y envi all el suyo, y a m para que le acompaase y sirviese.

Entramos, primero domingo despus de Cuaresma, en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. Mirado de medio abajo, pareca tenedor o comps, con dos piernas largas y flacas.

Su andar muy espacioso; si se descompona algo, le sonaban los gesos como tablillas de San Lzaro. La habla tica; la barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y l deca que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejara matar que tal permitiese. Cortbale los cabellos un muchacho de nosotros.

Traa un bonete los das de sol, ratonado con mil gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue pao, con los fondos en caspa. La sotana, segn decan algunos, era milagrosa, porque no se saba de qu color era. Unos, vindola tan sin pelo, la tenan por de cuero de rana; otros decan que era ilusin; desde cerca pareca negra, y desde lejos entre azul. Llevbala sin ceidor; no traa cuello ni puos. Pareca, con esto y los cabellos largos y la sotana y el bonetn, teatino lanudo.

Cada zapato poda ser tumba de un filisteo. Pues su aposento? Aun araas no haba en l. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba.

La cama tena en el suelo, y dorma siempre de un lado por no gastar las sbanas. Al fin, l era archipobre y protomiseria. A poder dste, pues, vine, y en su poder estuve con don Diego, y la noche que llegamos nos seal nuestro aposento y nos hizo una pltica corta, que aun por no gastar tiempo no dur ms.

Djonos lo que habamos de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora de comer. Fuimos all; coman los amos primero, y servamos los criados.

El refitorio era un aposento como medio celemn. Sentbanse a una mesa hasta cinco caballeros. Yo mir lo primero por los gatos, y, como no los vi, pregunt que cmo no los haba a un criado antiguo, el cual, de flaco estaba ya con la marca del pupilaje. Comenz a enternecerse, y dijo: -Cmo gatos? Pues quien os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo. Qu tiene esto de refitorio de Gernimos para que se cren aqu? Yo, con esto, me comenc a afligir; y ms me sust cuando advert que todos los que vivan en el pupilaje de antes estaban como leznas, con unas caras que pareca se afeitaban con diaquiln.

Sentse el licenciado Cabra y ech la bendicin. Comieron una comida eterna, sin principio ni fin. Trujeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una dellas peligrara Narciso ms que en la fuente. Not con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo grfano y solo que estaba en el suelo.

Deca Cabra a cada sorbo: -Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo dems es vicio y gula. Y, sacando la lengua, la paseaba por los bigotes, lamindoselos, con que dejaba la barba pavonada de caldo. Acabando de decirlo, echse su escudilla a pechos, diciendo: -Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.

Vena un nabo aventurero a vueltas de la carne apenas , y dijo el maestro en vindole: -Nabo hay? No hay perdiz para m que se le iguale. Coman, que me huelgo de verlos comer. Y, tomando el cuchillo por el cuerno, picle con la punta y asomndole a las narices, trayndole en procesin por la portada de la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo: -Conforta realmente, y son cordiales.

Que era grande adulador de las legumbres. Reparti a cada uno tan poco carnero, que, entre lo que se les peg en las uas y se les qued entre los dientes, pienso que se consumi todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes.

Cabra los miraba y deca: -Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas. Mire V. Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa y, en el plato, dos pellejos y unos gesos; y dijo el pupilero: -Quede esto para los criados, que tambin han de comer; no lo queramos todo. Ech la bendicin, y dijo: -Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile, y vyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.

Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca. Enojse mucho, y djome que aprendiese modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuese. Sentmonos nosotros, y yo, que vi el negocio malparado y que mis tripas pedan justicia, como ms sano y ms fuerte que los otros, arremet al plato, como arremetieron todos, y emboqume de tres mendrugos los dos, y el un pellejo.

Comenzaron los otros a gruir; al ruido entr Cabra, diciendo: -Coman como hermanos, pues Dios les da con qu. No rian, que para todos hay.

Volvise al sol y dejnos solos. Certifico a V. Ped yo de beber, que los otros, por estar casi en ayunas, no lo hacan, y dironme un vaso con agua; y no le hube bien llegado a la boca, cuando, como si fuera lavatorio de comunin, me le quit el mozo espiritado que dije. Levantme con grande dolor de mi alma, viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas y no hacan la razn. Dime gana de descomer aunque no haba comido , digo, de proveerme, y pregunt por las necesarias a un antiguo, y djome: -Como no lo son en esta casa, no las hay.

Para una vez que os proveeris mientras aqu estuviredes, dondequiera podris; que aqu estoy dos meses ha, y no he hecho tal cosa sino el da que entr, como agora vos, de lo que cen en mi casa la noche antes. Como encarecer yo mi tristeza y pena?

Fue tanta, que, considerando lo poco que haba de entrar en mi cuerpo, no os, aunque tena gana, echar nada de dl. Entretuvmonos hasta la noche. Decame don Diego que qu hara l para persuadir a las tripas que haban comido, porque no lo queran creer. Andaban vguidos en aquella casa como en otras ahtos.

LLeg la hora de cenar; passe la merienda en blanco, y la cena ya que no se pas en blanco, se pas en moreno: pasas y almendras, y candil y dos bendiciones, porque se dijese que cenbamos con bendicin.

Deca alabanzas de la dieta, y que se ahorraba un hombre de sueos pesados, sabiendo que, en su casa, no se poda soar otra cosa sino que coman. Cenaron y cenamos todos, y no cen ninguno. Fumonos a acostar, y en toda la noche pudimos yo ni don Diego dormir, l trazando de quejarse a su padre y pedir que le sacase de all, y yo aconsejndole que lo hiciese; aunque ltimamente le dije: -Seor, sabis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que, en la pendencia de las berceras, nos mataron, y que somos nimas que estamos en el Purgatorio.

Y as, es por dems decir que nos saque vuestro padre, si alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones y nos saca de penas con alguna misa en altar previlegiado. Entre estas plticas, y un poco que dormimos, se lleg la hora de levantar. Dieron las seis, y llam Cabra a licin; fuimos y omosla todos. Mandronme leer el primer nominativo a los otros, y era de manera mi hambre, que me dasayun con la mitad de las razones, comindomelas. Y todo esto creer quien supiere lo que me cont el mozo de Cabra, diciendo que una Cuaresma, top muchos hombres, unos metiendo los pies, otros las manos y otros todo el cuerpo, en el portal de su casa, y esto por muy gran rato, y mucha gente que vena a slo aquello de fuera; y preguntando a uno un da que qu sera porque Cabra se enoj de que se lo preguntase respondi que los unos tenan sarna y los otros sabaones, y que, en metindolos en aquella casa, moran de hambre, de manera que no coman desde all adelante.

Certificme que era verdad, y yo, que conoc la casa, lo creo. Dgolo porque no parezca encarecimiento lo que dije. Y volviendo a la licin, diola y decormosla. Y prosigui siempre en aquel modo de vivir que he contado.

Slo aadi a la comida tocino en la olla, por no s qu que le dijeron, un da, de hidalgua, all fuera. Y as, tena una ceja de hierro, toda agujerada como salvadera; abrala, y meta un pedazo de tocino en ella, que la llenase, y tornbala a cerrar, y metala colgando de un cordel en la olla, para que la diese algn zumo por los agujeros, y quedase para otro da el tocino.

Parecile despus que, en esto, se gastaba mucho, y dio en slo asomar el tocino a la olla. Dbase la olla por entendida del tocino y nosotros comamos algunas sospechas de pernil. Pasbamoslo con estas cosas como se puede imaginar. Don Diego y yo nos vimos tan al cabo, que, ya que para comer, al cabo de un mes, no hallbamos remedio, le buscamos para no levantarnos de maana; y as, trazamos de decir que tenamos algn mal. No osamos decir calentura, porque, no la teniendo, era fcil de conocer el enredo.

Dolor de cabeza u muelas era poco estorbo. Dijimos, al fin, que nos dolan las tripas, y que estbamos muy malos de achaque de no haber hecho de nuestras personas en tres das, fiados en que, a trueque de no gastar dos cuartos en una melecina, no buscara el remedio. Mas ordenlo el diablo de otra suerte, porque tena una que haba heredado de su padre, que fue boticario.

Supo el mal, y tomla y aderez una melecina, y haciendo llamar una vieja de setenta aos, ta suya, que le serva de enfermera, dijo que nos echase sendas gaitas. Empezaron por don Diego; el desventurado atajse, y la vieja, en vez de echrsela dentro, disparsela por entre la camisa y el espinazo, y diole con ella en el cogote, y vino a servir por defuera de guarnicin la que dentro haba de ser aforro. Qued el mozo dando gritos; vino Cabra y, vindolo, dijo que me echasen a m la otra, que luego tornaran a don Diego.

Yo me resista, pero no me vali, porque, tenindome Cabra y otros, me la ech la vieja, a la cual, de retorno, di con ella en toda la cara. Enojse Cabra conmigo, y dijo que l me echara de su casa, que bien se echaba de ver que era bellaquera todo.

Yo rogaba a Dios que se enojase tanto que me despidiese, mas no lo quiso mi ventura. Quejbamonos nosotros a don Alonso, y el Cabra le haca creer que lo hacamos por no asistir al estudio. Con esto, no nos valan plegarias.

Meti en casa la vieja por ama, para que guisase de comer y sirviese a los pupilos, y despidi al criado porque le hall, un viernes a la maana, con unas migajas de pan en la ropilla. Lo que pasamos con la vieja, Dios lo sabe.

Era tan sorda, que no oa nada; entenda por seas; ciega, y tan gran rezadora que un da se le desensart el rosario sobre la olla y nos la trujo con el caldo ms devoto que he comido. Unos decan: "Garbanzos negros!

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